No por trabajar de lo mismo tenemos que llevarnos bien

Y no pasa nada. Sé que os acabo de dejar patidifusos con esta afirmación. Tomaos el tiempo que necesitéis para asimilarlo, no es fácil darse cuenta de que vuestro universo, tal como lo conocéis, se desmorona ante tal descubrimiento.

 

Está muy bien que nos relacionemos entre nosotros, que compartamos trabajo e intereses, pero no nos va a caer bien todo el mundo. Es un hecho impepinable. No nos caen bien todos nuestros conocidos, ni siquiera todos nuestros familiares. Por lo tanto, ¿qué os hace pensar que os tienen que agradar todos vuestros compañeros de clase y, posteriormente, de profesión?

 

Antes de nada, quiero aclarar que no compartir gustos ni opiniones no tiene por qué estar relacionado con lo de caer bien a alguien. De hecho, es cuando dos (o más) personas tienen la cabeza bien amueblada y saben argumentar y defender sus opiniones cuando tienen lugar los debates más interesantes y cuando más se puede aprender. Te permiten ver la situación desde otro punto de vista y evitan que te encierres en ese mundo en el que siempre tienes la razón y posees la verdad absoluta.

Me comentan por el pinganillo que hay quienes fingen interés por si en un futuro les toca trabajar codo con codo con esa persona. Por supuesto, no lo niego. Por otro lado, también hay quienes lo hacen solo para conseguir que los relacionen con el tradugurú de moda. Sea como sea, no hay por qué aparentar, en serio. Si tienes que tratar con esa persona, puedes ser cordial y punto, pero ya está. Tampoco hace falta ir al extremo opuesto; lo de bloquear me parece la versión tuitera de la pataleta infantil. Y si quieres ser conocido, por favor, intenta que sea por tu trabajo, no por trepa.

No tengo mucho más que aportar sobre este tema, ya que me parece algo elemental. Sé que no todo el mundo comparte mi opinión, por lo que agradeceré vuestros comentarios al respecto, siempre y cuando sean críticas constructivas, claro. Si me venís con un «ps no tienes razón, tenemos k iebarnos vien, eres una hater», me la refanfinflará bastante vuestra opinión, seáis quienes seáis, y pasaré olímpicamente, la verdad. Sin embargo, y aprovechando que esta probablemente sea la última entrada del blog, quiero reivindicar el follow (y, por tanto, el unfollow) libre. Puede que me caigas bien pero no me interese lo que cuentas en Twitter, y puede que no me gustes como persona pero me parezca que compartes contenidos interesantes. No hace falta cabrearse en ninguno de los dos casos. Son cosas que pasan. Hay que asumirlo y seguir adelante.

 


Muchas gracias por haberme leído durante esta semana, estéis de acuerdo o no con el contenido que haya publicado.  

Blogs sobre traducción que me gustan (y que no tienen por qué gustarte a ti también)

Siguiendo con esta práctica de la asignatura de TIC, hoy me toca presentaros una selección de blogs relacionados con la traducción que me han llamado la atención lo suficiente como para ser dignos de mi Feedly.

Antes de empezar con ella, quiero pediros perdón. Soy la primera a la que no le gustan los listados, los top 10 y las recopilaciones de blogs, sobre todo de traducción, pero no se me ha ocurrido ningún modo de abordar el tema que no sea este. Y qué queréis que os diga, no me gusta pasarme las indicaciones de los profesores por el forro y pasar de ellas. Y si me dicen en clase que tengo que hacer una entrada sobre los que en mi opinión son los mejores blogs de traducción, pues la hago. Eso sí, he intentado que los tradublogs que componen la lista no sean los mismos de las otras trescientas cincuenta y siete mil cuatrocientas ocho entradas al respecto, porque no quiero hacer una entrada que no os va a aportar nada y porque, simplemente, no tengo por qué compartir (o fingir que comparto) los gustos de otras personas solo por quedar bien.

No voy a listarlos en ningún orden en especial; en mi opinión, apenas se pueden comparar entre ellos. Todos son originales a su manera. La gran mayoría de ellos no actualiza asiduamente, pero soy de las que opina que mejor una entrada buena al año que tres mediocres al mes.

Con todos ustedes, señoras y señores, mis #tradublogs preferidos (y que no tienen por qué convertirse en vuestros blogs de cabecera, ni mucho menos):

 

El fin de la diversión

Por su boina reconoceréis al autor. El blog traductoril de Javier Pérez Alarcón, prácticamente recién salido de la universidad pero que ya va camino de petarlo seriamente en los ámbitos audiovisual y literario. Uno de los puntos fuertes del blog de Javi es que se nota que le gusta tomarse las cosas con humor. Un error de traducción, una decisión de marketing desafortunada… No os podéis perder entradas como la de la traducción de los jaegers de Pacific Rim o la de los acentos en los doblajes de Django desencadenado y Lincoln.

 

Tradumatopeya

Desgraciadamente, tan solo tiene dos entradas, pero ambas son magníficas. La traducción de tiras cómicas es un tema del que no se suele leer mucho en los blogs, y los análisis exhaustivos que hace en ambas entradas (sobre la traducción de onomatopeyas y sobre la traducción de Mortadelo y Filemón en otros países, respectivamente) son de lo más completas. Para quitarse el sombrero. Solo tengo dos pegas respecto a este blog: la primera es la fuente elegida. Si bien va acorde con el tono comiquero, puede resultar molesta al cabo de un rato. La segunda es el hecho de que no haya más entradas; es algo que me da bastante rabia. Desde aquí hago un llamamiento al autor, Christian Villegas, para que siga con con este blog. Además de Tradumatopeya, también tiene otra ciberbitácora: Silencio, se traduce, dedicada a la traducción audiovisual de vídeos musicales en lengua alemana y francesa.

Lavadora de textos

Técnicamente no es un blog de traducción, sino de castellano, y, al fin y al cabo, de nada sirve ser un hacha en la lengua de origen si no dominamos la propia. Ramón Alemán nos ofrece, en clave de humor, pequeñas perlas lingüísticas, siempre bien argumentadas, para que se nos queden grabadas en la memoria y no volvamos a tener dudas como carácter o caracteres, apóstrofe o apóstrofo, cuál es el plural de los apellidos españoles, cómo se escriben los números y mil cosillas más. Hace unos meses regaló ejemplares de su libro, que recopila varios de los artículos que ha publicado, y yo no dejé pasar la oportunidad de hacerme con uno de ellos.

wpid-img_20140327_005512.jpgLavadora de textos, libro de cabecera.

 

Tradugeek

Porque no todos los blogs tienen que ser españoles. Damián Santilli viene directamente desde Argentina para presentarnos Tradugeek, un blog que me ha ayudado en varias ocasiones cuando he tenido dudas o problemas relacionados con la tecnología y la traducción. Creo que la entrada con la que lo descubrí fue esta sobre software gratis para traductores, porque muchos no podemos permitirnos pagar lo que cuestan algunos programas superpros, pero eso no significa que tengamos que quedarnos en el Pleistoceno tecnológico. También me gustó mucho en su momento la entrada-tutorial de Subtitle Workshop, aunque desde que me descubrieron Visual Subsync, mi relación con SW no ha vuelto a ser la misma. Se ha perdido la chispa inicial…

 

Construyendo traducciones

 Ana Ayala es traductora, sí, pero sobre todo es una persona natural (menudas confianzas, pero si no la conozco en persona. Ya me vale). Y eso se nota en cada entrada de su blog. Todo traductor que se precie ha hablado en algún momento de tarifas, pero me gusta el tono fresco con el que lo trató ella. Otra entrada que leí con gran interés fue la de la oferta de trabajo en Proz, ya que siempre nos ponemos en el lugar del traductor, pero nunca del cliente que quiere contratar nuestros servicios. Las «grandes decepciones de la RAE» son más distendidas, pero igual de divertidas y educativas (no sabía yo que estar jamona no fuera algo bueno).

 

En la luna de Babel 

 Como ya he dicho antes, iba a intentar no poner los mismos blogs que todo el mundo, pero no podía no incluir este. No creo que pueda decir nada que no sepáis sobre Scheherezade Surià y su blog. Traductora pin-up, especializada en traducción audiovisual, literaria y más recientemente también en erótica…. Su blog no tiene un ritmo constante de actualización, pero cada una de sus entradas es como para enmarcarla. Tenía pensado elegir solo un par de entradas, pero no he podido bajar de seis que me parecen magníficas: la de los calcos, las de traducción erótica (I y II), la de los extranjerismos, la del lenguaje soez  y la de adaptaciones culturales del doblaje.

 

Mox’s blog 

Todos conocemos las tiras cómicas de Mox. Mox, el #tradubot, que nos cae bien a pesar de serlo. Todos hemos empatizado con él en mayor o menor medida, nos hemos encontrado en una situación parecida, hemos reaccionado del mismo modo que él. Hace mucho que no tenemos una tira con las nuevas aventuras de este traductor, pero podemos disfrutar de todas las que ha subido hasta el momento el autor, Alejandro Moreno-Ramos.

 

diversification for freelance translatorsFuente: Mox’s blog 

En fin, esta es una recopilación de varios blogs que tienen mi sello de aprobación. Sobre gustos no hay nada escrito; esta es mi opinión personal, y no pretendo imponer cátedra, a no ser que así consiga que algunos de ellos vuelvan a publicar 😉 Espero haberos descubierto algunas entradas interesantes y personas a las que merece la pena seguirles el rastro.

 

De «tradubots» y la endogamia del mundo traductoril

Chimpún. Menuda manera de estrenar un blog de traducción, diciendo que tenemos que asomar la patita fuera de nuestra alucinante burbuja traductoril, donde todos pedimos tarifas dignas, nadie trabaja por cacahuetes y nunca cometemos fallos (siempre es culpa del ajustador o del cliente, que ha metido mano en nuestra impecable traducción). Sin embargo, me parece importante hablar de ello, ya que es una realidad que está presente día sí, día también. Y no tiene pinta de que la situación vaya a cambiar en un futuro cercano.

Me van a caer palos por esto, pero no me gustan las personas a las que yo llamo «tradubots». Son aquellas cuyo mundo gira alrededor de la traducción (también los llamo «traducéntricos»); lo único que hacen es traducir y tuitear/leer/escribir en un blog sobre traducción. Incluso si les sacas otro tema, se las apañan para darle la vuelta y darte toda una conferencia sobre la traducción aplicada a ese ámbito. También les gusta pasar los ratos libres quejándose de la poca visibilidad que tenemos los traductores, a pesar de tener Internet, Twitter y mil herramientas más para darle la vuelta a la tortilla.

Pues bien, puede que una de las razones por las que todavía no se aprecia a los traductores tanto como nos gustaría es porque gente como los tradubots lo provocan. Por supuesto, hay más razones, pero no debemos pasar por alto esta. Los tradubots están encerrados en una burbuja, una especie de mundo paralelo en el que sólo existen la traducción y los traductores, y todos son muy felices y están muy a gustito cuando entran; es un poco como en Los mundos de Coraline. Sin embargo, si habéis leído el libro o visto la película, recordaréis que ese mundo paralelo no es tan bonito y perfecto como parecía.

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Coraline entrando en el #tradumundo, sin sospechar lo que le espera.

Hay muchas razones por las que creo que es necesario salir de esta burbuja, en la que prácticamente todos estamos metidos, en mayor o menor medida, pero solo voy a mencionar cuatro:

Porque parecemos idiotas con tanta «traducosa»: esto es algo totalmente personal, sí, pero me exaspera hasta límites que no podéis ni imaginar. Y sé que no soy la única a la que le pasa. Espero que a estas alturas ya os hayáis dado cuenta de que el nombre de mi blog es irónico. Si me seguís en Twitter, también os habréis percatado de que uso frecuentemente el hashtag #tradu y lo que sea, de manera irónica y totalmente innecesaria. Esta costumbre comenzó tras ver el enésimo tuit hablando de #tradupelis, que no eran películas para ni sobre traductores: tan solo buscaba una película con la que pasar la tarde. Lo mismo ocurre con #foodfortranslators y similares. ¿Qué pasa? ¿Es que si eres albañil o ingeniero aeronáutico no puedes disfrutar de ese plato? ¿No os parece absolutamente ridículo? ¿Cuál es su propósito?

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«Y en cada tuit tendrás que usar el hashtag #tradu. Como no lo hagas, te echamos del gremio.»

Porque se supone que somos curiosos por naturaleza: ¿Cuántas veces nos han dicho que la cualidad que más debe definir a un traductor, más allá del dominio de una lengua, es la curiosidad? Tenemos que sentir curiosidad por todo, y todo significa TODO, no solo lo relacionado con la traducción. Ser curioso no solo tiene que ver con querer saber de dónde viene cierta expresión hebrea, sino con ponerse también a ver un documental sobre la ciencia de la pizza en La 2, leer un artículo sobre los síntomas de una enfermedad en una revista en la sala de espera del dentista o pasarse la tarde en Wikipedia investigando sobre el árbol genealógico de un antiguo rey danés. Incluso tragarse un programa de Gandía Shore para fijarse en cómo hablan, porque «nunca se sabe de qué va a tratar nuestro próximo encargo». No podemos limitarnos a aprender solo sobre idiomas y traducción; tenemos que sentir la necesidad de querer saber un poquito de todo.

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«No, mamá, me estoy documentando.»

Por la visibilidad que tanto ansiamos: como ya he dicho, de nada sirve que todos los traductores sepamos lo importantes que somos para la sociedad y para asegurar el correcto trasvase de lenguas y culturas, si luego el resto del mundo no se entera. A día de hoy, con todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para concienciar a la gente de que no basta con haberse pasado un mes en Londres con una beca, debería estar penado por ley que haya tantos tradubots endogámicos que siguen sin relacionarse con personas que, San Jerónimo los perdone, no tienen que ver con «nuestro mundo».

Porque acabamos saturados y saturando: tanto a los del gremio como a los de fuera. Cuando alguien entra en Twitter, suele ser por despejarse. Ver que en tu TL solamente hay tradubots que hablan de traducción puede llegar a ser muy cargante. A mí me gusta ver que hay alguien detrás de esa faceta de traductor, alguien que sale, que lee, que vuela cometas, que toca el ukelele, que habla del tiempo con el vecino en el ascensor  y no aprovecha para darle la murga sobre cuántas expresiones tiene una tribu para cuando hace sol. Vale que seamos una profesión muy apasionada, que no desconecta «al salir de la oficina» (sí, el traductor trabaja desde casa en pijama y todo eso, por eso las comillas), pero no hay que llegar a tales extremos. Que nos guste traducir y nos guste la traducción no quiere decir que tenga que ser el centro de nuestro universo. También somos personas.

Podría seguir, aunque creo que ya os habéis hecho una idea de cuál es mi postura. No me malinterpretéis, está muy bien que nos sintamos parte de una comunidad con nuestras mismas inquietudes e intereses, pero estoy segura de que no he visto tal nivel de endogamia en ninguna otra profesión, y la intención de esta entrada no es más que la de intentar hacer ver que existe algo más allá de nuestro mundo. Perdón, de nuestro #tradumundo.