De «tradubots» y la endogamia del mundo traductoril

Chimpún. Menuda manera de estrenar un blog de traducción, diciendo que tenemos que asomar la patita fuera de nuestra alucinante burbuja traductoril, donde todos pedimos tarifas dignas, nadie trabaja por cacahuetes y nunca cometemos fallos (siempre es culpa del ajustador o del cliente, que ha metido mano en nuestra impecable traducción). Sin embargo, me parece importante hablar de ello, ya que es una realidad que está presente día sí, día también. Y no tiene pinta de que la situación vaya a cambiar en un futuro cercano.

Me van a caer palos por esto, pero no me gustan las personas a las que yo llamo «tradubots». Son aquellas cuyo mundo gira alrededor de la traducción (también los llamo «traducéntricos»); lo único que hacen es traducir y tuitear/leer/escribir en un blog sobre traducción. Incluso si les sacas otro tema, se las apañan para darle la vuelta y darte toda una conferencia sobre la traducción aplicada a ese ámbito. También les gusta pasar los ratos libres quejándose de la poca visibilidad que tenemos los traductores, a pesar de tener Internet, Twitter y mil herramientas más para darle la vuelta a la tortilla.

Pues bien, puede que una de las razones por las que todavía no se aprecia a los traductores tanto como nos gustaría es porque gente como los tradubots lo provocan. Por supuesto, hay más razones, pero no debemos pasar por alto esta. Los tradubots están encerrados en una burbuja, una especie de mundo paralelo en el que sólo existen la traducción y los traductores, y todos son muy felices y están muy a gustito cuando entran; es un poco como en Los mundos de Coraline. Sin embargo, si habéis leído el libro o visto la película, recordaréis que ese mundo paralelo no es tan bonito y perfecto como parecía.

image

Coraline entrando en el #tradumundo, sin sospechar lo que le espera.

Hay muchas razones por las que creo que es necesario salir de esta burbuja, en la que prácticamente todos estamos metidos, en mayor o menor medida, pero solo voy a mencionar cuatro:

Porque parecemos idiotas con tanta «traducosa»: esto es algo totalmente personal, sí, pero me exaspera hasta límites que no podéis ni imaginar. Y sé que no soy la única a la que le pasa. Espero que a estas alturas ya os hayáis dado cuenta de que el nombre de mi blog es irónico. Si me seguís en Twitter, también os habréis percatado de que uso frecuentemente el hashtag #tradu y lo que sea, de manera irónica y totalmente innecesaria. Esta costumbre comenzó tras ver el enésimo tuit hablando de #tradupelis, que no eran películas para ni sobre traductores: tan solo buscaba una película con la que pasar la tarde. Lo mismo ocurre con #foodfortranslators y similares. ¿Qué pasa? ¿Es que si eres albañil o ingeniero aeronáutico no puedes disfrutar de ese plato? ¿No os parece absolutamente ridículo? ¿Cuál es su propósito?

Daughter-mother-computer-internet

«Y en cada tuit tendrás que usar el hashtag #tradu. Como no lo hagas, te echamos del gremio.»

Porque se supone que somos curiosos por naturaleza: ¿Cuántas veces nos han dicho que la cualidad que más debe definir a un traductor, más allá del dominio de una lengua, es la curiosidad? Tenemos que sentir curiosidad por todo, y todo significa TODO, no solo lo relacionado con la traducción. Ser curioso no solo tiene que ver con querer saber de dónde viene cierta expresión hebrea, sino con ponerse también a ver un documental sobre la ciencia de la pizza en La 2, leer un artículo sobre los síntomas de una enfermedad en una revista en la sala de espera del dentista o pasarse la tarde en Wikipedia investigando sobre el árbol genealógico de un antiguo rey danés. Incluso tragarse un programa de Gandía Shore para fijarse en cómo hablan, porque «nunca se sabe de qué va a tratar nuestro próximo encargo». No podemos limitarnos a aprender solo sobre idiomas y traducción; tenemos que sentir la necesidad de querer saber un poquito de todo.

image

«No, mamá, me estoy documentando.»

Por la visibilidad que tanto ansiamos: como ya he dicho, de nada sirve que todos los traductores sepamos lo importantes que somos para la sociedad y para asegurar el correcto trasvase de lenguas y culturas, si luego el resto del mundo no se entera. A día de hoy, con todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para concienciar a la gente de que no basta con haberse pasado un mes en Londres con una beca, debería estar penado por ley que haya tantos tradubots endogámicos que siguen sin relacionarse con personas que, San Jerónimo los perdone, no tienen que ver con «nuestro mundo».

Porque acabamos saturados y saturando: tanto a los del gremio como a los de fuera. Cuando alguien entra en Twitter, suele ser por despejarse. Ver que en tu TL solamente hay tradubots que hablan de traducción puede llegar a ser muy cargante. A mí me gusta ver que hay alguien detrás de esa faceta de traductor, alguien que sale, que lee, que vuela cometas, que toca el ukelele, que habla del tiempo con el vecino en el ascensor  y no aprovecha para darle la murga sobre cuántas expresiones tiene una tribu para cuando hace sol. Vale que seamos una profesión muy apasionada, que no desconecta «al salir de la oficina» (sí, el traductor trabaja desde casa en pijama y todo eso, por eso las comillas), pero no hay que llegar a tales extremos. Que nos guste traducir y nos guste la traducción no quiere decir que tenga que ser el centro de nuestro universo. También somos personas.

Podría seguir, aunque creo que ya os habéis hecho una idea de cuál es mi postura. No me malinterpretéis, está muy bien que nos sintamos parte de una comunidad con nuestras mismas inquietudes e intereses, pero estoy segura de que no he visto tal nivel de endogamia en ninguna otra profesión, y la intención de esta entrada no es más que la de intentar hacer ver que existe algo más allá de nuestro mundo. Perdón, de nuestro #tradumundo.

Anuncios